Durante siglos, millones de cubanos disfrutaron las habaneras, contradanzas y danzones. El propio Alejo Carpentier —instalado en París en la década del 20— presenció el llamado primer boom europeo de la música popular cubana. La guaracha y la rumba circularon, además, con vida propia por los escenarios del mundo. En la actualidad, sigue “sonando” el son que alcanzó la cima con el indiscutible Benny Moré. El propio Jorge Luis Sánchez los recuerda, género y figura, con El Benny, ópera prima concursante en el XXVIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Todavía el bolero y el filin endulzan oídos y corazones. Y no solo aquí se suda con el mambo a lo Dámaso Pérez Prado y con el chachachá... iquéee rico chachachá!... cultivado por Enrique Jorrín.
¿Acaso resurgen una y otra vez… se olvidan y vuelven a ratos?
Explica Radamés Giro en Los grandes géneros de la música popular cubana que “este decursar de géneros, junto a la canción, el bolero, el son y la rumba, se constituye en pilar que sostiene la música cubana de ayer a hoy. El chachachá sería el último en nacer. Desde entonces han aparecido ritmos o diferentes maneras de hacer, mas no nuevos géneros. Por lo mismo, estos reaparecen, aquí o allá, con otros ropajes, pero siempre los mismos. Llámeseles salsa, songo o timba”. También, mozambique.
fragmento de texto tomado de adelante digital
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