El 14 de julio de 2003 el artista que alzó hasta sus más altas cotas la música cubana fallecía a los 95 años. Máximo Francisco Repilado Muñoz, Compay Segundo, había nacido el 18 de noviembre de 1907 en Siboney y su longevidad era "de familia", como él mismo apuntaba al recordar cómo su abuela fue una esclava liberada que vivió 115 años.
Hijo de un ferroviario andaluz y una negra criolla, con 9 años se trasladó junto a su familia a Santiago de Cuba y allí asistió a algunas clases de solfeo antes de poder formar parte de la Banda Municipal donde tocaba el tres y el clarinete y en la que conoció a los miembros del, aún casi desconocido, Trío Matamoros.
Fue en la capital cubana donde, junto a Lorenzo Hierrezuelo, fundó el mítico dúo Los Compadres, formación clave para entender la evolución de la música cubana del siglo XX. Contaba Compay que todo pasó mientras le cortaba el pelo a Lorenzo, también nacido en Siboney, y uno de los dos, no recordaba quien, sugirió formar un dúo. Precisamente en aquella época fue cuando recibió el apodo por el que más tarde sería conocido en todo el mundo, puesto que a Hierrezuelo se le empezó a conocer como Compay Primo, mientras que a él se le llamaba Compay Segundo.
La década de los cincuenta conoció la disolución de Los Compadres y Compay alumbró su propia formación, Compay Segundo y Su Grupo. La banda vivió un notable éxito en sus primeros años, pero en los sesenta las modas musicales cambiaron radicalmente y Compay, a pesar de no haber dejado nunca de tocar, cayó en el más absoluto ostracismo y se vio obligado a volver a su antiguo oficio de tabaquero para poder subsistir enrollando hojas de tabaco para hacer puros en una fábrica.
Fueron décadas muy duras, pero Compay Segundo, además del maestro indiscutible del son, era el inventor del armónico, instrumento híbrido entre la guitarra española y el tres cubano, y al tiempo, a la historia, no le quedaba más remedio que hacerle justicia. En 1989 el musicólogo Danilo Orozco le invita a tocar con el Cuarteto Patria en el Instituto Smithsoniano de Washington y el mundo redescubre asombrado la obra del genial octogenario.
Después vinieron sus colaboraciones con Santiago Auserón y con Chano Lobato y Europa se rinde a su genio. El espaldarazo definitivo le llegó de la mano del guitarrista Ry Cooder y su proyecto Buena Vista Social Club que relanzó a los más ilustres veteranos de la música cubana como Rubén González, Ibrahim Ferrer, Eliades Ochoa y el propio Compay, haciéndoles merecedores del Premio Grammy de 1997.
Compay Segundo fue el eslabón que logró unir la música española de principios del siglo XX con los ancestrales sonidos africanos formando el crisol de lo que hoy se conoce como música tradicional cubana.
La música de Compay pervivirá siempre como testigo de una época de increíble creatividad musical que estuvo a punto de perderse, pero que el mundo recuperó gracias su magia.
| < Prev | Próximo > |
|---|

